Escultura moderna de elefantes en el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok Tailandia

Bangkok Parte 3: Templos y Compras

Día 4: Chatuchak Weekend Market y la Energía de Siam

El sábado amaneció con una misión clara: conquistar el mítico Chatuchak Weekend Market. Sabíamos que no era un mercado cualquiera. Con más de 15,000 puestos distribuidos en 27 secciones, es el mercado más grande de Tailandia y uno de los más enormes del mundo. Así que, después de un desayuno rápido, abordamos el BTS en Ratchathewi con destino a la estación Mo Chit.

Chatuchak Weekend Market

Al salir de la estación, el bullicio nos golpeó como una ola. Nos adentramos sin mapa, dejándonos llevar por la corriente de gente.

Chatuchak es un laberinto organizado: secciones de ropa, artesanías, plantas, antigüedades, mascotas, muebles, libros… y comida, mucha comida. Cada puesto era una pequeña galería de colores y texturas.

Compramos recuerdos para la familia, camisetas de algodón fresquísimas y alguna que otra artesanía que nos enamoró. El regateo fue parte del espectáculo: sonrisas cómplices, calculadoras de por medio y ese juego milenario entre comprador y vendedor que aquí se vive con alegría. Cuando el hambre apretó, nos dejamos caer en uno de los puestos de comida y pedimos un tom yum picante, acompañado de arroz y una cerveza fría. Fue la pausa perfecta en medio del caos.

SIAM: Compras, modernidad y trenes

Con las bolsas llenas y los pies cansados, regresamos al hotel a dejar los tesoros recién adquiridos. Pero la energía de las compras nos mantenía despiertos, así que decidimos seguir explorando. Nuestro destino: la zona de Siam, el corazón moderno de Bangkok.

Bangkok Siam Paragon

Acceso a Siam Paragon

Walking Siam next MBK

Andadores elevados en Siam

MBK centro comercial en Siam

Centro Comercial MBK

Andadores elevados en Siam

Amdadores elevados en Siam

Caminamos por los andadores elevados que conectan los centros comerciales.

Desde el andador, vimos el icónico cruce de las líneas del BTS, donde los trenes pasaban zumbando sobre nuestras cabezas, y la multitud fluyendo en todas direcciones como un organismo vivo.

Nos adentramos en el Siam Center, con su diseño vanguardista. Luego, el lujoso Siam Paragon, cruzamos hacia el MBK, un clásico de Bangkok, famoso por sus réplicas dec calidad. Ropa, electrónicos, maletas, relojes… todo a precios que invitaban al regateo. Y en medio de todo, Siam Square, el corazón juvenil de la ciudad, lleno de cafés, tiendas de moda y una energía que contagiaba.

Caminar por Siam fue como estar en el centro del futuro tailandés, rodeados de rascacielos, luces y ese caos ordenado que hace única a Bangkok.

No te pierdas la 1ra. Parte (Gran Palacio Real y Wat Pho) y 2da. Parte (Wat Arun y IconSiam) de nuestra aventura en Bangkok

Día 5: Buda de Oro, Barrio Chino, el Gran Columpio y la Última Noche

Nuestro último día completo en Bangkok comenzó. Abordamos el BTS y luego el MRT hasta la estación Hua Lamphong. Caminamos unos minutos y llegamos al Wat Traimit, el Templo del Buda de Oro.

Buda de Oro en Wat Traimit

Wat Traimit – Buda de Oro Sólido

Arco de entrada al BArrio Chino Yaowarat en Bangkok TAilandia

Entrada al Barrio Chino

Naga del Buda de Oro en Wat Traimit

Buda de Oro – Naga Protectora

La historia de este Buda es casi una leyenda. Durante siglos, una estatua de yeso permaneció olvidada en un templo menor. Nadie sabía lo que escondía. Fue en 1955, cuando la trasladaban a una nueva ubicación, que una cuerda se rompió, la estatua cayó y… el yeso se agrietó. Debajo, brillaba el oro más puro. La estatua, de casi 4 metros de alto y 5.5 toneladas de peso, había estado oculta durante siglos para protegerla de los invasores. Verla en persona fue impresionante: su serenidad, su presencia imponente y silenciosa. Es, sin duda, uno de los tesoros más preciados de Tailandia.

Al salir, cometimos nuestro primer error logístico del día. Decidimos recorrer el Barrio Chino… ¡de día! Y aunque el Sampeng Market era un hervidero de vida, con puestos que vendían desde telas hasta juguetes, sabíamos que el verdadero encanto de Yaowarat se vive de noche, cuando las calles se llenan de puestos de comida callejera y luces de neón. Pero aún así, la experiencia fue única: caminamos por pasillos estrechos donde las motos pasaban a centímetros, sorteando cajas, carritos y turistas despistados. Fue caótico, sí, pero también auténtico. Una excusa perfecta para volver

Wat Suthat Thepwararam

Buda de Bronce en Wat Suthat

Seguimos caminando y llegamos al Wat Suthat Thepwararam, uno de los templos más antiguos y hermosos de Bangkok. Su viharn principal es enorme, con techos de múltiples capas y columnas de teca tallada. En su interior, una impresionante estatua de Buda en posición de meditación nos invitó al silencio. Nos sentamos un rato, observando cómo la luz entraba por las ventanas y dibujaba sombras en el suelo de mármol.

Sao Ching Cha – El Columpio Gigante

Afuera, algo que no podíamos dejar de fotografiar: el Gigante Columpio de Bangkok (Sao Ching Cha). En la antigüedad, aquí se celebraban ceremonias brahmanas donde los participantes se colgaban del columpio para balancearse a más de 20 metros de altura… ¡en un ritual para honrar al dios Shiva! Debido a múltiples accidentes y vidas perdidas, esa tradición se extinguió.

Hoy, solo queda la estructura de teca roja de 21 metros, un testigo silencioso de tradiciones perdidas. Nos tomamos la foto de rigor y admiramos su imponente silueta contra el cielo.

Sao Ching Cha - Columpio Gigante en Bangkok Tailandia

Aquí cometimos nuestro segundo error logístico. La idea original era, después de Wat Suthat, caminar al cercano Wat Saket (el Templo Dorado en la colina) para ver el atardecer. Pero el tiempo nos ganó: el templo estaba por cerrar y nuestras piernas, después de tantos días explorando, pedían clemencia. Subir los 300 escalones de prisa era misión imposible. Así que… otra excusa más para regresar.

Regresamos al hotel a descansar. Una ducha, un cambio de ropa y estábamos listos para nuestra última noche en Bangkok.

Central World y Soi Cowboy

Salimos con energías renovadas. En BTS llegamos a Central World, uno de los centros comerciales más grandes de Tailandia. Recorrimos sus pasillos iluminados y sentimos esa energía única de Bangkok nuevamente.

Pero queríamos un último destello de la vida nocturna más intensa. Así que tomamos de nuevo el BTS hasta la estación Asok y nos adentramos en Soi Cowboy, la calle más famosa (o infame) de Bangkok. Luces de neón, música a todo volumen, bares temáticos y un ambiente surrealista. Y esta vez, en lugar de solo mirar, decidimos entrar. Nos sentamos en uno de los tantos bares, pedimos unas cuantas cervezas y nos quedamos un buen rato, simplemente disfrutando la música y, sobre todo, platicando. De todo el viaje, de los templos, las playas, los mercados, las anécdotas… Fue una especie de cierre espontáneo, una última noche en Bangkok celebrando, entre luces de neón y risas, todo lo que habíamos vivido juntos. Y vaya que lo hicimos.

Día 6: El Vuelo a Casa y el Sabor de la Despedida

Nuestro último día completo en Bangkok comenzó. Abordamos el BTS y luego el MRT hasta la estación Hua Lamphong. Caminamos unos minutos y llegamos al Wat Traimit, el Templo del Buda de Oro.

Aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok

Muy temprano, antes de que Bangkok despertara del todo, hicimos las maletas por última vez. El momento agridulce había llegado. Abordamos el BTS hasta Phaya Thai, donde tomamos el Airport Rail Link directo al Aeropuerto Suvarnabhumi.

El tren se deslizaba en silencio. Mirando por la ventana, vimos cómo la ciudad se alejaba poco a poco: los templos, los rascacielos, los puestos callejeros, los tuk-tuks… todo se empequeñecía hasta convertirse en un recuerdo. Fue un momento de introspección silenciosa, de repasar mentalmente cada paso de esta aventura que comenzó hace 4 semanas en Estambul.

Representación del oceano de leche en el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok

En el aeropuerto, pasamos los filtros y nos sentamos en la sala de espera. Nos esperaban dos largos vuelos: el primero de Bangkok a Estambul, y el segundo de Estambul a la Ciudad de México.

Cansados, sí, pero con el corazón lleno. Habíamos recorrido playas paradisíacas en Krabi, templos milenarios en Chiang Mai, mercados flotantes y centros comerciales futuristas en Bangkok. Habíamos probado sabores que nos explotaron en la boca —desde el picante del tom yum hasta la dulzura del mango sticky rice—, habíamos regateado sonrisas, nos habíamos perdido en laberintos de gente y habíamos sentido la calidez de un pueblo que te recibe con un «sawatdee» y una reverencia.

Tailandia, Camboya, Malasia, Estambul… el sudeste asiático nos había regalado uno de los viajes de nuestra vida.

El avión despegó. Y con él, la promesa de que, algún día, volveríamos.

Epílogo:

Este viaje no fue solo una sucesión de destinos. Fue una colección de momentos: el asombro ante el Buda de Esmeralda, la paz de un atardecer en Phnom Bakheng, el caos ordenado de Jalan Alor, la magia de un espectáculo de elefantes en FantaSea, la frescura de una cerveza en una playa de Ao Nang, y las risas compartidas en un bar de Soi Cowboy.

Cada país, cada ciudad, cada templo, cada plato, cada persona con la que cruzamos alguna palabra nos dejó algo. Y aunque hoy escribimos estas líneas desde casa, con el recuerdo aún fresco, sabemos que el sudeste asiático no se va nunca del todo. Se queda en la piel, en el paladar, en la memoria.

Hasta pronto, Asia. Volveremos.

💡Tip de Viaje: La ruta completa la encuentras en nuestra Guía de Bangkok (Próximamente se publicará)

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Si te perdiste nuestra anterior publicación, no te pierdas la primera parte de nuestra visita a Bangkok

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